La primera foto que publiqué, bastante borrosa, nos la hicimos Stella y yo en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense.
Y así fue como nació Ninamushi. El nombre se lo puse en homenaje a mi madre y a su amor por las palabras, pues fue ella quien me lo regaló el día que cumplí veinte años. Al principio sólo publicaba citas y pensamientos dispersos. Pero, a diferencia de la tesis y los artículos académicos, me encontré con la gran sorpresa de que algunas personas lo leían y daban su opinión. Me encantó (re)descubrir que la escritura podía ser una poderosa forma de comunicación con los otros, algo que por desgracia se olvida muy a menudo cuando trabajas en la universidad.
Poco a poco, la mirada y la voz de Ninamushi me fueron hipnotizando y divirtiendo cada vez más. En las horas libres sacadas a la tesis, comencé a crear pequeñas viñetas, textos cada vez más largos y narrativos, historias en las que mezclaba la ficción con reflexiones sobre lo que leía o escribía en mi tesis doctoral. Se acabó convirtiendo entonces en un lúdico diario personal, el reverso -creativo y ligero- de las más de quinientas páginas -soporíferas y pesadas- de la tesis. Me devolvió la pasión por escribir.
Cuando terminé la tesis, y dejé de pasar tantas horas frente al ordenador, también fui dejando de escribir en aquel fotolog. Volví a contentarme con publicar citas y pensamientos dispersos de forma intermitente. Sin embargo, la mirada y la voz de Ninamushi, ese personaje de (auto) ficción que me conectó con la alegría y el entusiasmo, nunca me abandonaron del todo.
Hoy, pasados ya nueve años de su nacimiento, abro esta nueva ventana. Para que Ninamushi se asome al mundo y lo contemple. Con diversión, creatividad y ligereza. Una ventana por la que vuelva a entrar un poco de aire fresco. En mi escritura. En mi vida.
¡Bienvenidos!

